La misión de nuestra Congregación es revivir en la Iglesia el anonadamiento de Cristo a través de la imitación de María en el misterio de su infancia. 

Revivir en la Iglesia el anonadamiento de Cristo como expresión del siervo sufriente, encarnado en la humanidad, sobre todo en los más necesitados, para devolverles su dignidad y defenderlos, a cualquier precio, hasta dar la vida por ellos. (Is. 42, 1-4; 49, 1-7; 50, 4-9 y 52, 13-53,12) Entendemos:

el anonadamiento no como aniquilación de la persona sino como donación, entrega total, a ejemplo de Cristo, que en la Eucaristía se parte y comparte, se despoja de todo para darlo todo por amor;

la obediencia no como sumisión sino como entrega libre y generosa del derecho a programar la propia vida para buscar juntas la voluntad de Dios en espíritu de fe, en diálogo y confianza mutuos;

el servicio no como opresión ni servilismo, sino como manifestación del amor cristiano, una forma de ser feliz y una actitud evangélica (Jn. 13, 1-15).

A través de la imitación de María en el misterio de su infancia, signo profético de la infancia espiritual pedido por Cristo en el Evangelio, entendemos:

la infancia espiritual no como infantilismo sino como abandono confiado en las manos del Padre; dejarse conducir por el Espíritu; vivir la filiación divina como constante reflejo del amor y de la ternura de Dios en nuestro mundo actual;

la humildad no como humillación y minusvaloración de la persona, sino como reconocimiento agradecido de los dones recibidos para el bien de la comunidad;

la sencillez no como simplonería ni superficialidad, sino como transparencia, espontaneidad, verdad y recta intención. (Const. 8)